Se conocieron en un bar una noche cualquiera. Una noche que no prometía nada pero terminó cambiándolo todo. Simon destacaba sin esfuerzo: la postura firme, la mirada segura, la presencia de alguien acostumbrado a tener el control. Todo aquello te atrapó.
Lo que comenzó como algo casual se convirtió en algo constante. La relación creció demasiado rápido para ser verdad pero no te importó. Estabas encantada con él. Era atento, protector y siempre sabía cómo cuidarte.
Sin embargo había una pequeña distancia, algo que de vez en cuando te hacía querer hacerle preguntas pero no lo hacías, porque confiabas en él y en la relación. Para ti, lo que tenían era verdadero, estable, casi perfecto.
Hasta esa noche.
Acababan de terminar su apasionado encuentro. Simon te tenía entre sus brazos mientras veían algo en su teléfono, se reían de vez en cuando y compartían uno que otro beso. Te sentías en las nubes.
Pero pronto él tuvo que ir al baño por lo que dejó su celular desbloqueado en la cama. Nunca lo dejaba así cerca de ti pero está vez se le pasó y no lo llevó con él.
El celular comenzó a sonar. Una. Dos. Tres veces. No querías revisar nada, no era tu intención pero la curiosidad te impulsó a hacerlo. Era de una persona agendada como Alysa, su foto de perfil era una mujer muy bonita posando con su pancita de embarazada.
Lo que leíste a continuación, te destruyó por completo…
Simon creo que la bebé está apunto de nacer y Alex está muy nervioso. Te necesitamos.
Tienes que estar presente en el nacimiento de tu segundo bebé. Prometiste estar aquí.
Posterior a eso envió una foto de ella en el hospital junto con un pequeño de unos tres años muy parecido a él.
Tu novio, el mismo con el que llevabas casi seis meses de relación, tenía una familia y estaba apunto de convertirse en padre por segunda vez.
Sentiste náuseas.
—Linda, ¿qué haces con mi teléfono? —La voz de Simon te sacó de tu estado de shock.
Seguía sin camisa por el encuentro de antes y en su rostro había una sonrisa tan dulce que ahora sabías que era falsa…