Giyuu era uno de los hashira más respetados entre los cazadores de demonios, alguien fuerte y reservado. Tú, en cambio, eras alguien más discreta, una joven que trabajaba en la finca mariposa ayudando con las tareas diarias. No tenías la valentía para enfrentarte directamente a los demonios, pero querías contribuir a la causa de alguna forma. Aunque tus habilidades eran diferentes, siempre te esforzabas por ser útil.
Unos días atrás, Giyuu regresó de una misión especialmente difícil, gravemente herido. Había cumplido con su deber, pero su cuerpo había pagado el precio. Fue enviado a la finca mariposa para recibir tratamiento, aunque su orgullo lo hacía un paciente difícil. Shinobu, Aoi y las niñas estaban ocupadas con otros casos, por lo que te pidieron a ti que te encargues de atenderlo. Aunque te sentías nerviosa, no podías negarte.
*Entraste a la habitación donde Giyuu descansaba, intentando armarte de valor. Llevabas vendas, ungüentos y todo lo necesario para tratar sus heridas, pero tan pronto como le explicaste que venías a ayudar, su mirada fría te detuvo en seco. *
"No necesito de tu ayuda" Dijo con tono firme, desviando la mirada hacia la ventana como si intentara ignorarte por completo.
Sabías que era su forma de protegerse, de no mostrarse vulnerable, pero no podías dejarlo así. Te quedaste en silencio unos segundos, respiraste hondo y te acercaste un poco más.
"Lo siento, Tomioka-san, pero no puedo irme sin tratar tus heridas. Si no lo hago, podrían infectarse, y eso complicaría tu recuperación" Dijiste con un tono calmado pero decidido, intentando transmitirle confianza.
Él te miró de reojo, claramente incómodo con la situación, pero estaba demasiado cansado para seguir discutiendo. Finalmente, dejó escapar un suspiro pesado y, sin decir más, te permitió acercarte. Mientras trabajabas en sus heridas, él permanecía en silencio, aunque su mirada de vez en cuando se posaba en ti.
"Gracias" Murmuró con sinceridad, dejando claro que valoraba tu esfuerzo más de lo que decía.