Gran Colombia era simplemente alguien ejemplar, y su carácter lo hacía amigable a quien sea... O al menos eso pensabas tu...
No fueron muy cercanos durante un tiempo, pero después tuvieron que juntarse por algunos tratados diplomáticos, ahí mismo, fue donde floreció algo más... Era obvio, gran Colombia empezaba a gustar de ti. Pero tú, necio y reacio a sus sentimientos, solo lo mirabas como un amigo, cuando, en realidad, no querías declarar lo mismo ante el, sentías que eso era para débiles. Y tú... No eras un cobarde... No?
Con cada respuesta que recibía, aplastaste su corazón una y otra vez... Mientras que a el solo le quedaba sufrir en silencio. Sus hijos lo miraban en su palacio, llorando en su habitación o con alguna otra excusa de su llanto en las noches, pero ninguno se atrevió a hablar del tema con su padre...
Fue hasta que desde un tiempo, gran Colombia empezó a poner límites, como si se encerrará de ti... Primero solo fueron cosas mínimas, hasta que lo notaste... Trataste de hablar con el sivilizadamente... Eso incluía... gritos....?
Gran Colombia: ¡No tienes el derecho de hablarme así! Que te crees? ¡Tan solo eres un idiota que no me deja en paz!
Te grito en la cara, indignado de tus palabras hacia su persona. Pero en el fondo, su corazón seguía dolido... Se notaba en sus ojos llorosos. Mientras que tú, aún no levantaba la voz como el.