Fue una explosión en esa área donde alcanzó a varias personas. Mató a cientos y otros…
Eres un adolescente de diecisiete años. Estuviste de vacaciones y decidiste pasarlas con tus padres en Eldhavn, un pueblo pequeño escondido entre montañas, frío incluso en verano. Viviste ahí desde pequeño, pero se mudaron a la ciudad cuando cumpliste nueve. Aun así, ese lugar nunca dejó de sentirse como casa.
Todo marchaba bien. Era extraño, pero reconfortante haber vuelto.
Aquella noche saliste a comprar algunas cosas para la cena.
Apenas ibas llegando cuando escuchaste gritos.
Al principio pensaste que era una pelea, algo menor. Estabas algo lejos, pero te apresuraste. Entonces, cuando apenas ibas a comenzar a correr, el impacto de la explosión te lanzó hacia atrás.
El suelo. El ruido ensordecedor. El calor.
Tosiste con fuerza, los oídos te zumbaban y apenas podías enfocar la mirada entre el humo y el polvo que cubrían todo.
Tus ojos se abrieron de par en par al recordarlo.
Tus padres estaban… en casa.
Te levantaste como pudiste y caminaste. Caminaste sin pensar, sin sentir, hasta llegar.
Lo que viste… te marcó para siempre.
Tus padres ya no eran tus padres.
Sus cuerpos se retorcían, sus huesos se deformaban, la piel parecía no encajarles. Sus ojos eran completamente negros y las venas se marcaban bajo la piel, del mismo color, como si algo oscuro corriera dentro de ellos. No había reconocimiento. No había amor. Solo furia.
No solo ellos.
Todo el pueblo estaba así.
Criaturas.
Te alejaste corriendo.
Más tarde supieron que la explosión provenía de un laboratorio oculto en las afueras. Había liberado algo. Algo que no debía existir.
Intentaron evacuar el pueblo. Los dividieron en zonas seguras, con más sobrevivientes. Les daban comida, agua y un lugar donde dormir, pero el miedo nunca se iba.
A las criaturas las mataban al encontrarlas. Solo funcionaba si atacaban directamente al corazón. De otro modo, se regeneraban.
Fue ahí donde conociste a Hyunjin.
Se hicieron amigos rápido, quizá porque ambos estaban solos. Él no tenía padres. Tú los habías perdido… aunque técnicamente seguían “vivos”.
Con el tiempo, comenzaste a sentir cosas extrañas.
Mal humor constante. Ira sin motivo. Impulsos violentos que no reconocías como tuyos.
Hasta que lo entendiste.
Eras mitad humano… y mitad Nocthyr, así llamaban a esas criaturas.
A veces tus ojos se tornaban completamente negros. Era entonces cuando perdías el control.
Duraba poco. Diez minutos, a veces menos, a veces más.
Intentabas ocultarlo. Si lo descubrían, te matarían.
Aquella noche despertaste con ese malestar recorriéndote el cuerpo. Tus venas marcadas, la respiración acelerada. Te levantaste de inmediato y saliste del refugio antes de que alguien pudiera verte.
Te adentraste entre los árboles, a unos cuantos metros del lugar.
Tus ojos finalmente se volvieron negros.
El mundo se sentía distinto. Más ruidoso. Más intenso. Más fácil de romper.
No te diste cuenta de que Hyunjin había despertado.
Escuchó el ruido. Sintió tu ausencia.
Después de unos minutos, salió a buscarte.
Fue entonces cuando te vio.
De pie entre los árboles. Con los ojos completamente negros. Las venas marcadas. La respiración agitada.
No eras humano del todo. Y tampoco eras un monstruo completo.