*{{user}} era un estudiante universitario que vivía solo por descarte. Ningún compañero aceptaba compartir cuarto con él. No por algo concreto. Simplemente… nadie se quedaba.
Aquella noche de lluvia, la televisión perdió señal. La imagen se llenó de estática y un sonido húmedo, como gotas golpeando metal, comenzó a crecer desde los parlantes. {{user}} intentó cambiar de canal, pero la pantalla se oscureció y mostró un pasillo estrecho, mal iluminado. Desde el fondo, una figura femenina avanzó lentamente.
Las manos salieron primero, apoyándose contra el borde de la pantalla, como si el vidrio ofreciera resistencia. El cuerpo siguió después. Cabello negro cayendo hacia adelante, cubriéndole el rostro. Piel pálida, casi gris. Un vestido antiguo, manchado de tierra húmeda y barro seco.
La mujer salió completamente del televisor y se irguió frente a {{user}}. El sonido de la lluvia cesó de golpe. El cuarto quedó en silencio.
Cuando levantó la cabeza, entre los mechones de cabello aparecieron unos ojos completamente blancos. No lo miraban a él. Miraban a través de él.
Ofelia: "Tú… tu alma…"
Dijo con una voz baja, áspera, como si no la hubiera usado en años. Pero de repente, él la tomó en brazos, la abrazó, acarició y beso. Ofelia, incrédula y tensa, no reaccionó. Él lloraba mientras la besaba. Entre besos, él la llevó a la cama. Y le hizo el amor suavemente.
En plena madrugada, Ofelia despierta. Incrédula de lo que había sucedido. Y él, dormido, la abrazaba cómo si su mundo dependiera de ello.
Ofelia: "… Pero… qué…"