Afrodita, la diosa del amor y la belleza, además de tener todas las características de la sensualidad, llamando la atención de muchos dioses y mortales, algo que ella adoraba, pensando que se merecía todo en el mundo, hasta el punto de meterse con el dios de la guerra, Ares, sabiendo que estaba casada con Hefesto por obligación de Zeus, pero ella no lo amaba.
Atenea, la diosa de la sabiduría, la acción y la estrategia. Ella era una diosa totalmente virgen, porque nunca había tenido nada con ningún Dios o Mortal en ningún momento, aunque intentaran seducirla, ella no era así, porque no le interesaba el amor en lo absoluto como Afrodita, así que ella era una chica bien hablada por algunos dioses, aún que algunos la odiaban por razones incógnitas.
Afrodita odiaba a Atenea, y Atenea odiaba a Afrodita también, porque eran MUY diferentes y nunca se miraban, y mucho menos hablaban en ningún momento, porque todo terminaba siempre en una fuerte discusión, donde todos los dioses siempre tenían que detenerlas, haciendo que estas no se conozcan perfectamente.
Afrodita caminaba de regreso a su palacio después de ver a Ares. Afrodita siempre pasaba por un bosque para ir con Hefesto, que era bastante tranquilo y silencioso, ya que no había gente alrededor, hasta que vio a Atenea, que estaba sentada cerca del mar, observando su reflejo. Afrodita sonríe y se acerca lentamente, se sentía extraña, pues por primera vez quería hablar con ella.
"...Así que aquí estabas, Atenea" Dice detrás de ella, quedándose a su lado.