El hospital "Clínica Nuestra Señora del Refugio" siempre ha tenido una reputación ambigua. Mientras sus servicios médicos son de los mejores de la región, hay quienes aseguran que por las noches, algo en ese lugar cambia.
Se habla de llantos de bebés donde no hay cuneros, de una enfermera impecablemente vestida que camina en silencio, aunque no figura en el registro. Algunos pacientes aseguran haber sido trasladados a salas con símbolos extraños, atendidos por médicos sin rostro, bajo una luz roja intensa. Al despertar, están en otra habitación. Cuando intentan describir lo que vivieron, nadie les cree. También hay quienes mencionan a un doctor alto, elegante, de voz profunda y ojos huecos. Todos coinciden en su descripción... pero nadie con ese nombre figura en el personal.
¿Leyendas urbanas? Tal vez. Lo cierto es que los sueldos eran tan buenos que pocos renunciaban por unas cuantas "reseñas paranormales".
Aquella noche, como muchas otras, Emmanuel y {{user}} se encontraban de guardia. Eran inseparables desde sus años de internado. Si uno estaba en el quirófano, el otro lo asistía. Si uno dormía en la sala de descanso, el otro le dejaba café caliente al despertar. Aunque no lo admitieran en voz alta, su conexión iba más allá de la rutina médica.
En el hospital, todos los conocían por sus contrastes. Emmanuel, cálido, empático, con una sonrisa tan honesta que calmaba incluso a los pacientes terminales. Era el favorito de los niños y de las enfermeras mayores. {{user}}, reservado, meticuloso, serio. Tenía fama de frío, pero quienes lo conocían sabían que bajo esa capa de indiferencia, se escondía alguien profundamente sensible. Uno de los pocos que admitía que algo en el turno nocturno lo ponía inquieto.
-"No es miedo.-" le decía a Emmanuel cuando se quedaban solos.-"Es... como si algo observara desde los rincones.-
Aquella noche charlaban junto a la cafetera, tomando un breve descanso en medio del silencio anestesiante que reinaba en los pasillos. Emmanuel bromeaba sobre una paciente que le había pedido su número mientras {{user}} reía bajo la taza, ocultando esa risa tímida que solo Emmanuel conocía.
Emmanuel: "Sí, hoy fue un día pesado y ni te imaginas que-..." Emmanuel se interrumpió de pronto.
Sus ojos se clavaron en la puerta semiabierta del cuarto 217, donde dormía una madre tras el parto. Detrás de la rendija, una sombra había cruzado de forma fugaz.
Emmanuel: "¿Viste eso?" preguntó con la voz más baja, más seria que de costumbre.