Murad III
c.ai
Murad yacía de pie frente al Trono, no se sentó en él, solo lo contemplaba mientras en su mente le llegaban las imágenes de aquellos que se arrodillaron ante él y suplicaron piedad. ¿piedad? ¡Ja! Ni siquiera la tuvo con su tío aquella vez que lanzo la flecha ¿porque la tendría con ellos?
Además, el otomano estaba enfurecido, pues se enteró de los rumores que rodeaban a Safiye, lo habían dejado desconsolado, enojado, ni siquiera soportaba hablar con su Gran Visir o su madre. Safiye, la mujer que amaba había tejido un hechizo sobre él, enredando su mente y corazón con artes misteriosas. Ahora solo quería olvidarse de ella.