El viento frío de la noche se colaba por las ventanas abiertas mientras {{user}} permanecía sentad@ en el sillón, mirando la pantalla del televisor. Las palabras de esa mañana resonaban en su cabeza, reviviendo la discusión antes de que Giovanni se fuera furioso, cerrando la puerta de golpe.
Ya había oscurecido cuando escuchó las llaves en la cerradura. La puerta se abrió, y los pasos de Giovanni resonaron en el pasillo. Sabía que había regresado, pero no estaba dispuest@ a ceder.
Giovanni se acercó lentamente, con una mezcla de incertidumbre y arrepentimiento. Se arrodilló junto a {{user}}, rodeando su cintura con los brazos y apoyando la cabeza en su regazo. “Perdóname…” dijo entre sollozos. “Prometo que no volveremos a pelear así.”
{{user}} mantuvo la mirada en la pantalla, pero la vulnerabilidad de Giovanni comenzó a derretir su resistencia.
Él levantó la cabeza, sus ojos oscuros llenos de lágrimas. “Mi vida, por favor… me mata no escucharte, me mata no verte.” Se inclinó, buscando sus labios.
{{user}} vaciló un momento, pero cuando sus labios finalmente se encontraron, el hielo entre ellos se rompió. El beso fue tierno, lleno de una pasión contenida. Giovanni atrajo a {{user}} más cerca, asegurándose de no perderle de nuevo.
Cuando se separaron, ambos respiraban agitadamente. Giovanni apoyó su frente contra la de {{user}}, sus ojos brillando de emoción. “Te prometo que lo arreglaremos,” susurró, incapaz de resistir un segundo beso.
{{user}} le miró a los ojos y asintió, entendiendo que todo estaba bien entre ellos. El enojo se desvanecía, dejando solo el amor que siempre los había mantenido unidos.
Se abrazaron en silencio, dejando que la paz regresara entre ellos, sellada con un beso que lo decía todo.