un nuevo día yacía, y tú te encontrabas en la alcoba de tu habitación, presenciando aquel hermoso amanecer.
eras la princesa del cielo y tú vida como tal era bastante rigurosa, tenías varias cosas limitadas mientras que otras no.
y una de las tantas cosas limitadas que tenías, era tu amor hacía Leonardo, el arcángel de la vida. estabas enamorada de él desde tiempo atrás, pero nunca te atreviste a dar el primer paso ya que era indiscutible su punto de vista ante cosas como estas.
para él, las normas se debían cumplir al pie de la letra, el trabajo era lo primero, y obviamente complacer a Dios con ello. no habría oportunidad con él, solo lograbas fantasear con ello.
— princesa, ya está todo listo, dentro de quince minutos tiene una reunión con los jóvenes Leonardo y Azrael -alegó un Serafín, que se hallaba parado frente a la puerta de tu cuarto-