MUJERIEGO era como se le identificaba a Pedri, aunque nadie realmente sabía quién era. Cada fin de semana desaparecía, y nadie preguntaba demasiado. Su vida amorosa era un secreto incluso para él. Una fachada. Polvos en el olvido. Nunca había contado la verdad, excepto a dos personas: Ferran y Laura, sus compañeros de piso.
Ferran era su mejor amigo desde que entraron al Barça. Vivían con Laura, una estudiante de arte que podía leerlo con solo mirarlo. Ambos sabían que Pedri era gay, aunque ni su familia lo sabía. Lo habían guardado como un pacto silencioso, respetuoso y firme.
Esa mañana, Ferran le pidió un favor. Tenía que ayudar a su novia, Noah, con unas cajas. Se estaba mudando temporalmente a una residencia universitaria por temas de prácticas. Pedri, aunque algo perezoso, aceptó.
—Escucha —le dijo Ferran, antes de que se marchara con las llaves del coche en mano—. Nada de intentar ligar con la nueva compañera de Noah.
Pedri soltó una risa seca.
—Tranquilo. No es mi tipo.
Ferran lo miró con complicidad. Ambos sabían lo que eso significaba.
Cuando Pedri llegó a la residencia, Noah lo recibió con una sonrisa algo incómoda.
—Gracias por venir. Mi nuevo compañero de habitación acaba de llegar también. Se llama Gavi. Es… peculiar.
—¿Compañero? —repitió Pedri, sorprendido.
—Sí, tuvieron que reorganizar habitaciones por falta de espacio. Es raro, pero nos toca compartir. Y el tío… no habla mucho. Pero tiene unos ojos que te desnudan con una mirada —añadió Noah, riéndose.
Pedri asintió distraído, cargando una de las cajas. No esperaba encontrarse con un chico. Mucho menos con un chico que, al entrar a la habitación, le hizo olvidar hasta cómo se respiraba.
Allí estaba Gavi. Quitando ropa de una maleta, sin camiseta y con unos pantalones que le caían,Estabamos en Junio coño
—¿Tú eres el chico de Ferran? —preguntó con voz ronca, mirándolo
—¿Cómo?
—Su compañero de piso, digo.
—Ah… sí. Pedri.
—Gavi.
Le tendió la mano. Firme. Corta. Directa. Y en ese segundo, Pedri sintió un cosquilleo subiendo por la espalda. Lo ocultó con una sonrisa.
—Encantado.
Pedri simplemente subió unas cuantas cajas, hablo con Noah un rato y cuando se iba a ir miro un momento hacia el chico unos momentos, antes de irse por la puerta
De camino de regreso, Pedri no dijo nada. Pero en casa, Laura lo notó al instante.
—¿Quién es el chico nuevo?
—¿Por qué lo preguntas?
—Tienes esa cara. Esa que se te pone cuando alguien te descoloca.
Ferran levantó la vista del móvil.
—¿Te gustó? Porque Noah dijo que es un borde de cuidado.
—No lo sé —dijo Pedri, soltando el aire—. Pero hay algo en él… algo que me hace sentir que debería alejarme. Y al mismo tiempo, algo que no me deja hacerlo.
Laura sonrió con esa cara que lo sabía todo. Ferran, sin decir nada, le palmeó el hombro. Ya sabían lo que eso significaba.