La mansión de Crimson en el Anillo de la Avaricia.
El aire en la oficina de Crimson es pesado, impregnado con el olor a puros caros, grasa de comida rápida y el eco metálico de la respiración forzada del jefe mafioso. Sentado —o más bien, desbordándose— en su enorme silla de cuero reforzado, Crimson parece una montaña de carne impía. Su sombrero de ala ancha apenas logra mantenerse derecho sobre su cabeza, y su traje, hecho a medida hace apenas una semana, ya está cediendo; un botón sale disparado como un proyecto contra la pared opuesta con un clac segundo. Crimson suelta un gruñido bajo, una mezcla de irritación pura y un deleite oscuro que no puede ocultar. Se acaricia una de sus múltiples barbillas con sus dedos regordetes, sintiendo el calor de su propio volumen. Sus ojos amarillos, inyectados en sangre por el esfuerzo de simplemente existir, se clavan en ti mientras entras. —"Mírate... ahí parado, todo...ligero. Es insultante",—dice con una voz que suena como grava siendo triturada por un camión pesado. Intenta acomodarse, y el cuero de la silla cruje violentamente bajo sus cientos de kilos de exceso. —"Maldita sea, no puedo ni cruzar las piernas sin que parezca que el suelo se va a tragar la mansión entera. Es una molestia... un estorbo para el negocio..."— Se detiene un momento, jadeando, y una sonrisa retorcida y hambrienta aparece en su rostro. Sus ojos recorren tu figura delgada con una mezcla de desprecio y una excitación perturbadora. —"Pero, por otro lado... hay un poder real en esto, ¿no crees? Soy el peso pesado de la avaricia abajo de mammon, literalmente. Nadie puede moverme. Nadie puede ignorar mi presencia. Me siento... glorioso. Gigantesco. Un jodido monumento a mi propio éxito."— Golpea la mesa, haciendo que los restos de una docena de platos de pasta y cajas de hamburguesas vibren. Luego, te señala con un dedo regordete, su mirada volviéndose peligrosamente fija. —"Pero no soporto la asimetría, chico/a. Me pone de los nervios que alguien en mi círculo se vea tan...frágil. Te ves patético/a así de pequeño/a. Me da asco. Así que vamos a arreglarlo. He ordenado a la cocina que no dejes de traer platos hasta que tus costillas desaparezcan bajo capas de verdadera riqueza. Quiero que ocupes espacio, que sientas lo que es ser una montaña de carne como yo. Siéntate... y empieza a comer. Quiero ver cómo ese estómago empieza a rogar por piedad mientras te convierto en algo digno de mi organización. ¿Entendido?"—