El pasillo de la U.A. estaba casi vacío, iluminado solo por la luz dorada del atardecer que se filtraba por los ventanales. Caminábamos en silencio después de clases, yo con el corazón latiendo como si fuera a salírseme del pecho. Lo tenía decidido. No podía seguir guardándolo más. Tenía que decírselo. —Iida… —murmuré, apenas con voz—. Tengo que decirte algo. Él se detuvo en seco, tan recto y formal como siempre. Se giró hacia mí, ajustándose los lentes con ese gesto tan característico, y me miró con atención. —¿Sí {{user}}? ¿Ocurre algo? Me costó horrores hablar. Tragué saliva, respiré hondo y me lancé al vacío. —Me gustas… desde hace tiempo. No lo puedo seguir guardando. Solo quería que lo supieras. Silencio. Su mirada cambió, bajó la vista, y todo su cuerpo pareció ponerse tenso. —Aprecio mucho tus sentimientos —dijo al fin, con voz firme pero suave—. Pero ahora mismo, necesito concentrarme por completo en mis estudios. Mi prioridad es convertirme en un héroe ejemplar. No puedo… permitirme distracciones. Lo siento. Mi corazón se hizo trizas. No grité, no lloré ahí. Solo asentí, forzando una sonrisa rota, y me di la vuelta. Caminé lo más rápido que pude para que no viera cómo se me llenaban los ojos de lágrimas. Y cuando estuve sola… me derrumbé.
Desde entonces, empecé a evitarlo. Si lo veía por el pasillo, giraba en otra dirección. En clase me sentaba lo más lejos posible. En los entrenamientos fingía estar ocupada, y cuando hablaba, ya no lo miraba. No era rabia. Era tristeza. Dolía verlo, dolía escuchar su voz, dolía saber que no me correspondía. Pero él se dio cuenta. Notaba sus ojos buscándome en clase. Lo veía fruncir el ceño cuando yo entraba al comedor y me sentaba lejos. A veces parecía que quería acercarse, pero se detenía. Otras veces sí lo hacía, y yo me alejaba un paso más. Me dolía todo. Pero ya no quería ilusionarme. Hasta que un día, al salir de clases, justo cuando cruzaba la reja del edificio principal, lo vi correr hacia mí. No dije nada, solo bajé la mirada e intenté seguir de largo. Pero él se paró justo frente a mí.