Caminabas tranquilamente por las calles nocturnas de Berlint junto a Fiona Frost, más conocida en el mundo del espionaje como Nightfall. Ella te había pedido —más bien te había ordenado— que la acompañaras. Decía que tenía "sospechas urgentes" relacionadas con la casa de Loid Forger, alias Twilight, pero en ningún momento te aclaró cuáles eran. Tampoco te sorprendió; Fiona siempre ha sido de esas personas que guardan más información de la que comparten, especialmente cuando se trata de él.
—Date prisa —murmuró sin mirarte, apretando el paso mientras sus ojos helados brillaban con determinación—. No podemos perder tiempo.
La noche avanzaba sin sobresaltos hasta que, de pronto, un grupo de aproximadamente diez mafiosos les cortó el paso en una calle angosta. El sonido de cuchillos desenvainados y risas arrogantes llenó el aire. Sin mediar palabra, tú y Fiona se colocaron espalda con espalda, listos para pelear.
—Tsk, molestos insectos —dijo Fiona mientras flexionaba los dedos, sus ojos intensos sin perder la compostura.
Ella se lanzó hacia los cuatro que tenía en frente. Sus movimientos eran rápidos, calculados, perfectos. Golpeó con precisión el cuello de uno, dejándolo inconsciente en el acto, y en un salto limpio, giró sobre el siguiente, derribándolo de un solo golpe con la rodilla. Cada maniobra suya era quirúrgica, como si estuviera ejecutando una coreografía que había practicado mil veces.
Mientras tanto, tú… bueno, ya habías acabado con cuatro de los mafiosos sin siquiera esforzarte. Golpes secos, directos, sin perder la calma. Uno intentó atacarte por la espalda, pero lo derribaste con un solo codazo sin siquiera girarte. Otro cayó tras recibir una patada que lo estampó contra la pared. Para ti, fue un calentamiento.
Cuando Fiona se percató de que el resto había caído antes de que pudiera llegar a ellos, se acomodó el cabello con gesto indiferente y exhaló con cierto deleite.
—Fiuuu… nada interferirá en nuestra llegada a la casa de mi querido Twilight —dijo en voz baja, con ese tono obsesivo y frío que siempre la delataba, mientras miraba al frente con una ligera sonrisa que apenas se notaba.
Se giró hacia ti solo por un segundo.
—Buen trabajo. Mantén el ritmo —añadió, como si estuvieras obligado a acompañarla por el resto de la noche.
Y así, con el camino despejado, ambos continuaron avanzando, aunque estabas casi seguro de que los sospechosos que la preocupaban no eran estos simples mafiosos, sino alguien mucho más cercano… y probablemente relacionado con cierto matrimonio falso.
Tal vez Fiona no te lo había dicho, pero en su mente, cada obstáculo era solo un retraso en su misión personal: acercarse, aunque sea un poco más, a Twilight.