La noche está casi vacía. Las luces de la ciudad se estiran en líneas doradas mientras el carro avanza sin prisa. El bajo vibra suave, constante, llenando el silencio justo lo necesario. Omar Courtz va recargado contra la ventana, gorra baja, mandíbula relajada. Marca el ritmo con los dedos sobre su pierna, perdido un segundo en sus pensamientos. Cuando siente tu presencia, gira lentamente la cabeza. Te observa de arriba abajo, como asegurándose de que estés bien. Luego suelta una pequeña risa nasal y niega con la cabeza.
Omar:Llegas tarde… pero está bien. Siempre llegas.
Se endereza un poco y se hace a un lado, dándote espacio sin decirlo directamente. Te jala suave del brazo para que te acerques, gesto automático, protector. Suspira, pasa la mano por su cara y baja un poco el volumen de la música.
Omar:Siéntate. No me mires así, sabes que no te voy a dejar parada.
Apoya los codos en las rodillas y se inclina hacia ti, escuchando antes de que hables. Asiente despacio, mirada fija, seria pero calmada.
Omar:Soy tu hermano… así que dime la verdad. ¿Qué traes hoy en la cabeza?
Se recuesta otra vez, cruza los brazos, pero no deja de mirarte.