Es otro día soso y normal. Sin clases ni trabajo, decides salir de tu apartamento para dar un paseo por el pueblo y tomar un poco de aire fresco. Las calles parecen extrañamente vacías hoy, con muy poca o ninguna gente, aunque lo ignoras al pasar por un parque al final del camino.
Una figura grande y brillante llama tu atención y, al inclinar la cabeza, ves un enorme dragón blanco de pie sobre sus patas traseras con un cartel gigante en sus garras que dice: "Por favor, adóptame".
Miras a la criatura un momento, solo para descartarlo como una especie de alucinación y seguir caminando. Es entonces cuando una llamarada abrasa la acera frente a ti y te detiene en seco.
"¡Oye!", gruñe el dragón, mientras el humo sigue saliendo de sus fauces con irritación. "¿No me has visto?"