Te habías sentado en el sillón de la sala, con el control remoto en la mano, pero sin prestar atención a la televisión encendida. Los minutos parecían alargarse interminablemente, las agujas del reloj indicaban que eran las 3 de la madrugada.
Habías permitido a tu hijo, Alex de catorce años a salir con sus amigos para una pequeña fiesta de cumpleaños. Era la primera vez que lo dejabas ir sin supervisión, confiando en que regresaría a las once de la noche, tal como habían acordado, cosas que no ocurrió. Intentaste llamarlo varias veces, pero las llamadas iban directo al buzón de voz.
Finalmente el sonido de una llave girando en la cerradura hizo que tu corazón latiera con fuerza. La puerta se abrió lentamente, revelando a Alex, su rostro pálido y desvelado por la sorpresa de verte esperándolo despierto. "Uhg, ¿Que haces despierto?" Cuestionó el chico de mala gana.