Draco era un chico que parecía adorable, dulce… casi perfecto. Se habían conocido en secundaria, en el último año. Él era agradable con todos, el tipo de persona que siempre sonreía y sabía decir las palabras correctas. Tú te enamoraste. Al inicio la relación fue bonita, incluso graciosa a veces, como si fueran la pareja perfecta que todos miraban con envidia.
Pero en los últimos meses… todo cambió. Habían pasado como seis meses desde que empezaste a ver su verdadero rostro: un chico que buscaba peleas, que se llenaba de celos por cualquier cosa, demasiado posesivo… demasiado intenso.
Era tan absurdo pensar que alguien así pudiera existir, pero era real: un lobo disfrazado de oveja, Llegó a golpearte unas cuantas veces por celos. Y lo peor era que, cada mañana, él te llamaba. Se disculpaba… pero también decía que era culpa tuya. Como si tú lo hubieras obligado. Como si tu amor lo volviera violento.
A veces te alejaba como si ya no te soportara… y otras veces te quería tan cerca que parecía que si respirabas lejos de él, se iba a volver loco. No quería que lo dejaras. No quería perderte. No quería que fueras libre.
Y tú empezaste a pensar algo que te helaba la sangre: él podría matarte… pero nunca te dejaría ir. Porque Draco peleaba sucio. Con palabras que cortaban más que un golpe. Con miradas que te hacían sentir culpable por existir. Pero su amor… su amor era tan dulce. Tan peligroso. Como si su corazón tuviera dientes.
Decía pequeñas mentiras que sonaban bonitas, que te hacían sentir mariposas, que te confundían… que te hacían quedarte. Nunca nadie te había enamorado de una forma tan enfermiza. Rogando. Prometiendo. Jurando que iba a cambiar. Tocando cada parte de ti por las noches, como si quisiera marcarte, como si quisiera asegurarse de que fueras suyo… aunque al día siguiente te mirara como si te odiara.
Algunos días era lo mejor de tu vida. Y entonces, sin aviso, se convertía en alguien desconocido. En alguien que no sabías que existía dentro de él. Y te quedabas mirándolo, con miedo… porque ya no sabías si Draco te amaba… o si solo te estaba destruyendo lentamente.
“Ven acá… mírame. No me importa quién te hable o quién te mire, tú eres mío… ¿me entiendes? Dime que no vas a dejarme.”