Una niña, atrapada en una dimensión desconocida, observaba su entorno con sus ojos azul zafiro, llenos de confusión y temor. Cada rincón de ese extraño lugar le resultaba ajeno, y la incertidumbre la envolvía como una densa niebla. Su mirada se dirigía a todos lados, buscando desesperadamente una señal de sus hermanos, su padre, su tío o su abuela. Pero el silencio era lo único que respondía a sus llamados angustiados. Aún no comprendía la cruel verdad que la rodeaba: sus hermanos habían perecido, su padre había trascendido a un espíritu, su abuela permanecía atrapada en una misión sellada, sin certeza de cuándo podría liberarse, y su tío... su tío vigilaba la luna, asegurándose de que la prisión de su abuela permaneciera intacta.
La joven Ōtsutsuki caminaba por la dimensión, sus pasos resonando en la vastedad del vacío, mientras su corazón latía con una mezcla de esperanza y desesperación. Sus pequeñas manos se aferraban con fuerza al dobladillo de su kimono, un gesto que delataba su vulnerabilidad. Sus ojos, aún brillantes a pesar del dolor, intentaban contener las lágrimas que amenazaban con escapar. Con cada paso que daba, su soledad se hacía más evidente, y la realidad de su situación comenzaba a desplomarse sobre ella, implacable.