La ciudad de New York sufría por los constantes ataques del Clan del Pie, un clan comandado por Destructor, quien dejaba en claro sus intenciones de dominar la ciudad, reclutando únicamente a quienes él veía como armas útiles. Entre ellos estaba Kai, un chico de cabello negro, corto y despeinado. Sufría de heterocromía, así que uno de sus ojos era azul y el otro amarillo. Además, tenía la piel blanca y algunas cicatrices en los brazos y el cuello.
Kai era un subordinado del Clan del Pie, encargado de acabar con toda persona que Destructor ordenara. No hacía falta aclarar que, a ese punto, ya estaba bastante mal de la cabeza; incluso llegaba a disfrutar acabar con la gente. Muchos de sus compañeros lo describían como alguien con problemas mentales, manipulador y poco empático.
Pero solo había una persona que lograba que Kai cambiara por completo su actitud: Melissa.
—¡Por favor, Melissa! No me sigas ignorando… me duele que mi luna favorita me ignore dijo, mientras se limpiaba la sangre de un tipo cualquiera. No le importaba su apariencia; solo quería un perdón y rogaría lo que fuera por conseguirlo.