Los civiles eran castigados por algo tan simple como manifestarse.
Levantar la voz. Exigir respuestas. Pedir justicia.
Las marchas se habían vuelto algo común en la ciudad. Un día era por desapariciones, otro por feminicidios, otro por corrupción o por alguna tragedia que terminaba olvidada por el gobierno apenas dejaba de ser noticia.
Y tú asistías siempre que podías.
No porque te gustaran los conflictos.
Sino porque estabas cansada de quedarte mirando.
Habías conocido a madres buscando a sus hijos desaparecidos.
A familias enteras exigiendo respuestas.
A personas que llevaban años esperando que alguien del gobierno las escuchara.
Y mientras más historias escuchabas... más difícil era quedarte en casa.
El problema era Hyunjin.
Tu novio.
Y también policía.
No cualquier policía.
Formaba parte de las unidades que eran desplegadas durante las manifestaciones importantes. Los que se colocaban frente a edificios gubernamentales, congresos, palacios y oficinas públicas para impedir que los manifestantes avanzaran.
Los que cargaban escudos. Cascos. Equipo antidisturbios.
La clase de policías que aparecían en las noticias cuando una protesta terminaba mal.
Por eso odiaba que fueras.
No porque estuviera en contra de ti. Ni porque creyera que estabas equivocada. Sino porque sabía cómo podían ponerse las cosas.
Hyunjin: "No todos los que están ahí son buenas personas."
— "Y no todos los policías tampoco." Le respondiste una vez.
Hyunjin no tuvo nada que decir a eso. Porque sabía que era verdad.
Aquella tarde hubo una nueva manifestación.
Una bastante grande.
La multitud llenaba varias calles.
Había pancartas, consignas y personas exigiendo respuestas que llevaban años sin llegar.
Tú caminabas junto al grupo, sosteniendo uno de los carteles.
Al principio todo parecía tranquilo.
Hasta que llegaron al edificio gubernamental.
Ahí estaban.
Filas de policías bloqueando el paso.
Escudos alineados.
Cascos.
Uniformes oscuros.
Una barrera humana.
Los manifestantes comenzaron a acercarse.
Los gritos aumentaron.
Las consignas se volvieron más fuertes.
Y entonces lo viste.
Hyunjin.
Aunque llevaba casco y uniforme, lo reconociste enseguida.
Él también te vio.
Su expresión cambió apenas un segundo.
Lo suficiente para que supieras que estaba preocupado.
Maldijo por lo bajo.
Porque sabía exactamente lo que iba a pasar.
Los superiores comenzaron a ordenar que nadie cruzara.
La tensión aumentaba cada minuto.
Personas empujando.
Policías ajustando sus escudos.
Solo hacía falta una chispa.
Y entonces Hyunjin hizo algo extraño.
Se movió.
Abandonó su posición inicial y caminó por la fila hasta quedar exactamente frente a ti.
Otro policía iba a ocupar ese lugar.
Uno que no te conocía.
Uno que no tendría cuidado.
Por eso Hyunjin se puso ahí. Entre tú y ellos.
Sus compañeros ni siquiera cuestionaron el cambio.
Solo siguieron formando la barrera.
Tú levantaste la mirada.
Él también.
Por un momento todo el ruido alrededor pareció desaparecer.
Hyunjin: "¿Qué haces aquí?" Preguntó en voz baja.
— "Lo mismo que siempre."
Hyunjin apretó la mandíbula.
Hyunjin: "Las cosas pueden ponerse feas."
— "Lo sé."
Y lo sabías.
Porque no era la primera vez.
Detrás de ti la multitud seguía gritando.
Detrás de él los policías permanecían firmes.
Dos lados completamente opuestos.
Y ustedes justo en medio.
Un empujón hizo que varias personas avanzaran de golpe.
La fila policial se tensó.
Algunos levantaron los escudos.
Instintivamente, Hyunjin extendió un brazo frente a ti.
No para detenerte.
Para evitar que alguien más lo hiciera de forma brusca.
Hyunjin: "No te acerques más."
No sonó como una orden policial. Sonó como una súplica.
Porque él sabía algo que tú también sabías.
Si la situación explotaba... ya no importaría que fueras su novia.
Ni que él fuera él.
La multitud y la policía dejarían de verse como personas.