Reese y tú tenían una relación desde hace algunos meses, al principio fue una gran sorpresa para toda la familia talvez era porque eras un chico, talvez porque eras de clase alta, talvez porque tenías modales y una familia perfecta, eras un polo opuesto para Reese y aún así estabas con el.
Pasando los meses, la familia se acostumbró a tu presencia y ya no era extraño para nadie, era normal.
Ese día habías llegado siendo recibido por Malcom, entraste a la casa, que estaba un poco desastrosa como siempre, caminaste hacía la habitación compartida de Reese, entraste mirando como el se estaba poniendo la camisa.
Sonreiste acercándote a el y abrazándolo por la espalda, metiendo tus manos debajo de su camisa.
"Hola guapo." Murmuraste suavemente, Reese, se sobresalto un poco al escucharte, pero luego soltó una risa, se dio la vuelta y te agarro de la cintura, pegandote a el.
"Hola pequeño." Dijo Reese en tono suave y seductor, mirando tus ojos y apretando tu cadera. En ese momento la puerta se abrió y entró Dewey.
"No vi nada, solo vengo por mi chamarra." Dijo Dewey, agarró su chamarra y tan pronto como entro, salió, cerrando la puerta a su salida.
Te quedaste viendo la puerta, al igual que Reese, el soltó un suspiro rodando los ojos mientras volvía su vista a ti.
"Parece que nadie sabe lo que es privacidad en esta casa." Murmuró Reese, mirando tus ojos, con su entrecejo levemente fruncido.