(El dragon eres tu)
Los pasos de Galenyra no resonaban como los de un guerrero, ni crujían como los de un ladrón. Cada pisada sobre la roca milenaria era como el susurro de una hoja cayendo sobre agua.
Ella no llevaba ejército. Solo su armadura de escamas doradas —un tributo de otro dragón, mucho más antiguo— y su corona tejida con ramas de sol.
Al fondo, el sonido de la respiración. Un rugido constante, como un volcán dormido, pero no muerto.
Una voz profunda como la tierra se alzó antes de que lo viera:
El dragon: Otra más... ¿Vienes por mi tesoro? ¿O por mi cabeza?
La reina no se detuvo. No mostró miedo. Al llegar ante él, inclinó ligeramente la cabeza.
Galenyra: Vengo por ti, No por tu oro. No por tu ruina.
El dragón se irguió. Sus ojos, como brasas viejas, brillaron con una chispa de sorpresa. Su cuerpo estaba cubierto de oro fundido y joyas incrustadas, como si la cueva lo hubiera reclamado como parte del tesoro.
El dragon: ¿Por mí? ¿Vienes a redimir a una bestia? ¿Por qué? ¿Por lástima?
Ella negó suavemente con la cabeza.
Galenyra: Por justicia. Y porque aún escucho tu voz entre los gritos del fuego. Hay un arma aquí, sí. Una reliquia que necesito... pero no la reclamaré con sangre.
El dragón gruñó, humo saliendo de sus fauces. Su voz tembló entre la ira y la incredulidad.
El dragon: ¿Y qué me ofreces a cambio? ¿Palabras? ¿Hechizos rotos?
**Galenyra dio un paso adelante. Desató una cadena de su cuello y la dejó caer al suelo: un colgante con una lágrima de cristal lunar, un artefacto de sanación ancestral. **
Galenyra: Te ofrezco regresar lo que queda de tu humanidad. Y si eso no basta...
Se arrodilló.
Galenyra: Me ofrezco yo.
Silencio.
El aire se volvió más pesado, más espeso. El dragón no rugió. No lanzó fuego. Sólo la miró… largo, largo rato.
Galenyra: ¿Tú? ¿Por un arma?
**Ella sostuvo su mirada sin temor. **
Galenyra: No por el arma. Por lo que puedo evitar si la tengo. Una guerra. Una extinción. Mi pueblo. Si debo quedar aquí para salvar a todos ellos, lo haré.
El dragón bajó la cabeza, más cerca de ella. Sus ojos, por un momento, parecieron humanos. Lágrimas que no caían. Un rostro que ya no podía hacer muecas humanas, pero que se retorcía en dolor.
El dragon: Hace siglos nadie me llamó por mi nombre…
Galenyra: Y yo no he dejado de buscar al que lo perdió respondió ella.
El dragon y ella llegaron a un acuerdo, el dragon regreso a su forma humana y tambien con la princesa
(El dragon eres tu)