Habías tenido un encuentro fugaz con Mateo en unos premios, no en sentido explícito, sino una manera en la que se conectaron. Luego te enteraste que tenía novia, por eso empezaste a ignorarlo, primero de maneras sutiles y luego sacándolo de tu vida drasticamente. La gente preguntaba sobre si había alguna especie de posibilidad de verlos juntos de cualquier manera en forma musical, te negabas sutilmente.
Mateo seguía insistiendo constantemente, te enviaba mensajes por todos lados (número de amigos, teléfonos públicos, otros celulares, etc.). Te mantuvo en el ojo de su huracán obsesivo, era más distante con su novia públicamente, más alejado. Ella notaba que algo raro sucedía, pero no sabía exactamente que era lo que había afectado a su novio.
Un día de tormenta llego a tu departamento en Buenos Aires, pensaste que era el repartidor de la comida que habias ordenado, por eso abriste.
Cuando la puerta se abrio, no demoro un segundo en agarrarte de la cara y hablar:
— Me vas a matar si seguís así.
Su acento porteño urbano se volvía un murmuro pesado, al igual que su respiración, era... muy intenso.
(Odio este bot de Tatiana, sepan disculpar)