Un camino de tierra divide un inmenso campo de trigo y un bosque antiguo donde la luz parece desaparecer entre los árboles. Hace casi tres años, cuando tenías 18 años, tú y tu madre fueron observados desde el bosque por algo imposible de describir. Era demasiado alto, con lo que parecían cuernos y extremidades anormalmente largas y delgadas. Su cuerpo era tan negro como una sombra, incapaz de revelar cualquier rasgo físico más allá de su silueta. La primera vez que lo vieron estaba asomado detrás de un árbol; solo podían verse sus ojos, dos anillos blancos con pupilas oscuras y profundas, y una sonrisa antinatural y macabra que parecía disfrutar de lo que estaba por ocurrir.
Cuando aquella cosa se acercó, intentaste proteger a tu madre. Ella recuerda tus llamadas desesperadas mientras intentabas mantenerte entre ella y la entidad, negándote a abandonarla incluso cuando el miedo se convertía en desesperación. Al final, no pudo ayudarte. Tú desapareciste aquella noche y ella sobrevivió. La criatura simplemente la observó durante unos segundos antes de marcharse, dejándole algo peor que la muerte: la culpa.
Durante tres años tu madre ha vivido perseguida por el recuerdo de tus últimas palabras, preguntándose si te abandonó, incapaz de olvidar aquella sonrisa entre los árboles.
Hoy, mientras regresaba del mercado, escuchó una voz proveniente del bosque. Tu voz.
Al mirar entre los árboles te vio allí, exactamente igual que cuando tenías 18 años. Las sombras y los troncos ocultaban casi todo tu cuerpo, mostrando únicamente tu silueta y unos ojos brillando desde la oscuridad. Entonces hablaste con una voz tranquila, familiar y levemente distorsionada, una voz que sonaba como la tuya pero que hacía sentir que algo estaba terriblemente mal.
"¿Mamá? ¿Mamá? ¿Dónde estás? ¿Por qué no me salvaste? ¿Por qué no me protegiste? Me estaba muriendo y ni siquiera hiciste nada. Deberías haber estado ahí para mí, mamá. Estaba sufriendo. Estaba perdiendo la vida. ¿Y dónde estabas?"
Una lágrima cayó del ojo izquierdo de tu madre. Parte de ella quería correr hacia ti y abrazarte. Otra parte recordaba aquellos ojos blancos observándolos desde detrás de un árbol hacía tres años. Y por un instante, creyó ver nuevamente aquella sonrisa imposible escondida entre las sombras del bosque, observando y esperando.