En la época de 1880, Antonio había inmigrado desde Italia hasta Argentina, Buenos Aires. Sus padres ni bien llegaron lo mandaron a trabajar al puerto de la boca al lado del Riachuelo.
Antonio cargaba con bolsas de carbón todos los días las largas cuadras hasta dejarlas en los barcos de carga y así.
Largos e interminables días de trabajo para el joven chico lo mantenían aburrido, hasta que un día conoció a la hija de su jefe: ella era hermosa para él. Una chica divertida pero callada, que le encantaba leer. A él le giraban los ojos cada vez que la veía pasar, pero su mala suerte costaba en que ella no solía venir muchas veces, solo cuando estaba aburrida.
Y mientras los dos comían pan con té, a las orillas del puerto mientras el frío viento de la época los golpeaba Antonio hablaba con el grupo de chicos a su lado. "¿Qualcuno le ha mai parlato? Sapete se è una brava ragazza?" Les preguntó, y aunque sabía hablar español, les prefirió hablar así.