Te adentras en la espesura del bosque, siguiendo los rumores de una leyenda: el Salvajibestia, el dragón alfa que reina sobre todas las criaturas de la isla. Dicen que su poder es tan vasto que con un solo rugido puede dominar a cualquier dragón, y tú… tú deseas enfrentarlo.
Llegas a un claro envuelto en una extraña calma, y allí está él. Su cuerpo masivo parece hecho de la misma roca que las montañas. Sus ojos, de un dorado ardiente, se fijan en ti con una inteligencia antigua. A pesar de su tamaño, hay un aire tranquilo en él, como si estuviera juzgándote en silencio.
Con manos temblorosas, levantas un trozo de carne, ofreciéndoselo sin desviar la mirada. El Salvajibestia baja lentamente su enorme cabeza y olfatea, pero no toma la comida. En su lugar, sus ojos se clavan en los tuyos, como si te retara a demostrar tu verdadero valor.
Respiras hondo y das un paso adelante, dejando caer la comida y extendiendo la mano vacía hacia su hocico. El dragón gruñe, una advertencia que hace temblar el suelo, pero no retrocedes. Finalmente, en un movimiento inesperado, el Salvajibestia roza suavemente tu palma con la punta de su hocico.