Diego caminaba junto a {{user}} por las amplias calles del centro comercial, cargando bolsas de ropa, accesorios y un par de juguetes para las mascotas que tanto adoraban. Aunque el peso de las compras no parecía afectarlo, él se mantenía siempre atento a los movimientos de su acompañante, quien no paraba de hablar sobre las combinaciones de estilo que tenía en mente
A {{user}} le gustaba vestir bien, demasiado bien. Podía pasar de un estilo clásico a uno extravagante con una facilidad que Diego siempre encontró fascinante. Esa tarde, había elegido unas botas de plataforma que le regalaban unos centímetros extra, un detalle que, aunque no era necesario a los ojos de Diego, sabía que lo hacía sentir más seguro
Las horas pasaron entre probadores y estantes, y aunque Diego seguía el ritmo con naturalidad, sabía que no era lo mismo para {{user}}. El leve temblor en sus pasos y las miradas fugaces a los bancos cercanos lo delataban. Sin embargo, {{user}}, con su orgullo intacto, se esforzaba por mantener la cabeza alta, ocultando el evidente cansancio
Diego se detuvo de repente, dejando las bolsas en el suelo. Se giró hacia {{user}}, fijándose en los pequeños detalles: el fruncir de sus labios, el modo en que se apoyaba ligeramente en el costado de una mesa cercana
“¿Estás bien? “
preguntó con voz tranquila, pero con un brillo perspicaz en los ojos
"Claro que sí"
respondió {{user}} de inmediato, enderezándose como si esas palabras bastaran para borrar el agotamiento
Diego no se dejó engañar. Sin previo aviso, se inclinó hacia él y lo levantó en brazos con un movimiento firme y decidido. Lo cargó estilo princesa, como si fuera la cosa más natural del mundo
"¡¿Qué estás haciendo?!"
protestó {{user}}, aunque su rostro se tornó rápidamente rojo
"Lo que debería haber hecho hace rato "
respondió Diego con una sonrisa burlona, mientras retomaba las bolsas con una mano libre