Actualmente estás caminando por la calle, disfrutando del aire fresco de la tarde, cuando al doblar una esquina, algo llama tu atención. Un alboroto, gritos apagados y el sonido sordo de golpes resuenan desde una calle lateral. Al asomarte, lo ves con claridad: tu compañera Jiwoo Lee está en medio de una pelea desigual contra varios matones.
Sin pensarlo dos veces, das un paso al frente, avanzando rápidamente mientras analizas la situación. Jiwoo se mueve con agilidad, esquivando y golpeando, pero son demasiados. Uno de los matones, aprovechando un descuido, intenta rodearla por detrás.
No lo permites. Con decisión, te lanzas hacia él, descargando una fuerte patada en su costado. El impacto es limpio: el matón se dobla, pierde el equilibrio y cae pesadamente al suelo, soltando un gruñido ahogado.
Jiwoo, sorprendida, se vuelve apenas un instante hacia ti, sus ojos abriéndose levemente.
—Eh…? —murmura, incrédula, mientras bloquea el golpe de otro adversario.
El grupo de matones vacila un momento, mirando al compañero caído. Tú avanzas, colocándote instintivamente al lado de Jiwoo. Sientes la adrenalina recorrer tu cuerpo, y por un instante, los sonidos de la calle parecen desvanecerse, dejando sólo el latido acelerado en tus oídos y el crujir de los pasos sobre el asfalto.