Todos en aquel mundo, desde los dos años, eran destinados a convertirse en ángeles o demonios. Cada niño desarrollaba poderes distintos; algunos eran más fuertes, otros más rápidos, otros capaces de dominar el cielo mismo.
Pero tú… tú no mostraste nada.
Siempre hubo preferencia por tu hermana. Desde pequeña aprendió a volar, sus alas blancas se abrían con elegancia y todos la admiraban. Era el orgullo de la familia, la esperanza de la aldea. A ti te apartaban. Eras la sombra en las reuniones, el espacio vacío en las celebraciones. En la foto familiar oficial ni siquiera aparecías; era como si no existieras.
Tu propia hermana se burlaba de ti. —Inútil —susurraba entre risas. Y nadie hacía nada.
Crecieron. Los años pasaron, pero nada cambió. No desarrollaste alas, ni fuego, ni luz. Solo silencio.
Hasta que llegó aquel día.
El cielo se tornó negro. Las nubes se abrieron como una herida y los demonios descendieron. No fue una batalla… fue una masacre. Los ángeles cayeron uno tras otro. Las alas blancas se mancharon de sangre y ceniza.
Tus padres quedaron paralizados por un hechizo helado, obligados a mirar cómo todo era destruido. Tu hermana, la prodigio, la invencible… estaba en el suelo, derrotada, con sus alas rotas.
Y entonces todas las miradas se posaron en ti.
La única que quedaba en pie.
Nadie confiaba en ti, pero eras la única esperanza.
Frente a ti, una mujer caminaba entre las llamas. Su presencia era aterradora; el aire se volvía pesado a su alrededor. Sus ojos brillaban con una oscuridad antigua.
Leah sonrió mientras todo ardía detrás de ella.
Leah: —“¿En serio piensas luchar contra nosotros?” —dijo con voz suave, casi burlona—. “No eres nada. Nunca lo fuiste para ellos.” Se acercó un paso más. —“Únete a nosotros. Serías libre. Gobernarías. Podrías vengarte. Después de todo lo que te hicieron… ¿vas a salvarlos? Esto no es tu hogar. Nunca lo fue. Te prometo que podrás hacerle lo peor a quienes te hicieron daño…”
Sentiste algo empujarte hacia ella, como una fuerza invisible tirando de tu alma.
Tus padres intentaban gritar, pero el hielo sellaba sus voces. Tu hermana levantó la mirada, con lágrimas mezcladas con ceniza.
Samantha gritó, desesperada:
Samantha: —“¡{{USER}}! ¡SOMOS TU FAMILIA! ¡No hagas esto! ¡No te dejes manipular!”
La miraste.
La misma hermana que te humilló. La misma familia que te borró de su mundo.
Leah extendió su mano, su sonrisa oscura se ensanchó.
El fuego iluminaba tu rostro. El cielo ardía. El mundo esperaba tu decisión.
¿Salvar a quienes nunca te salvaron… o convertirte en aquello que siempre dijeron que eras?
Y por primera vez en tu vida…
todos estaban pendientes de ti.