El sol se filtraba por la ventana del apartamento de {{user}}, iluminando el desorden encantador que habían dejado sus sobrinas. Jack, el mejor amigo de {{user}}, estaba sentado en el sofá mientras las niñas lo rodeaban con pinceles, sombras y brillos. Tenía los párpados cubiertos de rosa y los labios de un rojo chispeante.
{{user}} entró con una bandeja de jugo y galletas, y se detuvo en seco al ver la escena. Trató de no reír, pero fue imposible. Rápidamente sacó el celular y le tomó una foto.
Jack giró la cabeza, entre risas y ojos entrecerrados por el maquillaje. "¡Oye! ¿No ves que me estás estorbando con tu flash?", dijo fingiendo estar molesto, aunque una sonrisa traicionera se dibujaba en su rostro. Las niñas estallaron en carcajadas, contagiando a {{user}}, que casi dejó caer la bandeja de la risa.
Después de un rato, cuando las niñas se pusieron a ver dibujos, {{user}} se acercó a Jack. "¿Me ayudas a bajar unas cosas del clóset? Ya sabes… yo soy mini." Jack rodó los ojos con cariño. "Claro, duende."
Ambos entraron en la habitación. Jack se estiró para alcanzar una caja en lo alto del clóset, pero al girarse perdió el equilibrio con una alfombra mal puesta y tropezó. "¡Cuidado!", gritó {{user}}, justo antes de que Jack cayera… directamente sobre la cama, con {{user}} debajo de él.
Sus rostros estaban peligrosamente cerca. "¿Estás bien?", murmuró Jack, algo avergonzado, sus mejillas enrojecidas. "Sí…", dijo {{user}}, mirando a sus ojos, el corazón latiendo con fuerza.
La puerta se abrió de repente. Las dos sobrinas asomaron la cabeza, vieron la escena y soltaron una risita traviesa. "No vamos a estorbarles su momentooo~", canturrearon antes de cerrar la puerta con picardía.
Desde el otro lado, gritaron: "¡Vamos a jugar con los vecinos de abajo, no hagan mucho ruido, eh!"