Dicen que los barrios olvidados por el tiempo son los más silenciosos. El tuyo era uno de ellos. En una fría ciudad de Rusia, entre viejos edificios de hormigón marcados por los años, vivías rodeado de pasillos donde algunas puertas jamás volvían a abrirse; viviendas abandonadas hacía tanto tiempo que nadie recordaba quiénes habían vivido allí. Sin embargo, el resto de los apartamentos seguían llenos de vida: familias trabajadoras, ancianos que saludaban desde las ventanas, personas solitarias que regresaban cada tarde con bolsas de compras y niños que aún encontraban diversión en la pequeña plaza del centro, donde los columpios oxidados y los viejos juegos seguían resistiendo el paso del tiempo. Más allá de los edificios, pequeños bosques desnudos abrazaban el barrio, mientras un cielo eternamente gris cubría el paisaje. A veces caía una nieve silenciosa; otras, una lluvia helada o una niebla tan espesa que el mundo parecía desaparecer. Todos caminaban envueltos en gruesos abrigos, con el aliento convirtiéndose en vapor a cada paso. Y, pese a su aspecto apagado, aquel lugar nunca se sentía vacío... solo profundamente melancólico. Tan tranquilo que salir a caminar por sus senderos curvos, entre hojas secas y árboles sin vida, era como entrar en un sueño del que nadie parecía querer despertar.
Barrio ruso humilde
c.ai