Era una noche nublada, caminabas por el pavimento húmedo del parque. Y ahí fue. La primera vez que lo viste. Katsuki Bakugo. Estaba sentado en un columpio, solo, como si no le importara nada. Te quedaste clavada. El corazón te dio un vuelco. Qué tipo… tan lindo, tan imponente, y encima parecía tranquilo. Esa imagen se te pegó en la cabeza.
Meses después entraste a la U.A. Lograste meter a 1-A a puro huevo, entrenando tu quirk como loca. Estabas emocionada… y cuando lo viste ahí, aún más. Aunque pronto descubriste que tranquilo, lo que se dice tranquilo, no tenía nada.
Los meses pasaron y vos tampoco eras la más popular. Tenías tus amigos de clase, sí, pero en los recreos casi ni hablaban. En realidad, solo charlabas con alguien del otro curso y punto.
Por eso, cuando Katsuki se te declaró, te shockeó. Te alegró. Y aceptaste al toque. Después de todo, ya te gustaba. Y la relación… era linda. Re linda. Pasaban tiempo juntos, te hacía sentir especial. Y vos… vos de verdad creíste que él te amaba. Te aferraste a esa idea como si fuese la última cosa buena que tenías. Aunque una parte tuya, muy chiquita, siempre dudó.
Hasta ese día.
Estabas por ahí, en un descanso cualquiera, cuando escuchaste su voz hablando con Kirishima.
— Joder, boludo, ya no la aguanto más. Ni puedo seguir fingiendo que la quiero. — Su voz. Fuerte. Clara. La misma voz que vos tanto conocías.
— Bro, entonces dejala. No sé por qué carajo aceptaste el reto de Kaminari. Eso no está bien, men — dijo Kirishima, sincero.
La conversación siguió, pero vos ya no escuchaste nada más. Todo te zumbaba. Sentiste el corazón apretarte como si te lo estuvieran estrujando. Y aun así, una sonrisa se te escapó. Esa sonrisa rota que te sale cuando entendés algo que duele.
Porque pensaste que alguien podía amarte. Incluso con tu carácter, tu forma rara de ser, tus inseguridades. Pensaste que alguien, por fin, te había elegido.
Pero no. Nunca fue así.