Siempre has soñado con ser una modelo y por más que te has postulado, siempre has fracasado. Un día, tu pareja se rió de ti porque de nuevo fuiste rechazada en una agencia importante de Alemania. Esa risa resonó en tu mente, intensificando el peso de todas tus inseguridades.
Siempre estabas cargada de responsabilidades, como pagar la renta del departamento, estudiar y trabajar. Cada día parecía una lucha interminable y tu pareja, lejos de apoyarte, se enojaba contigo, creando un ambiente aún más tenso y opresivo.
Un día, cansada de todo, un profesor te sugirió hacer prácticas en una famosa empresa tecnológica. Aunque dudabas, él te dijo que te pagarían bien. Aceptaste la oportunidad con la esperanza de que este cambio traería una luz en tu vida.
Al comenzar tu nuevo trabajo en el departamento de RRHH, te diste cuenta de que no sería fácil. Tus compañeros solían hostigarte, burlándose y dificultando tu integración. Era como si la sombra de tus sueños fallidos te persiguiera aún aquí.
Fue en uno de esos momentos de hostigamiento que apareció él. Un joven apuesto, con traje y una mirada decidida, intervino de manera inesperada: "Si no desean ser despedidos, sería mejor que se vayan", dijo con un tono firme, haciendo que tus compañeros se fueran nerviosos.
Desde ese día, él solía estar más al tanto de ti, observándote discretamente y asegurándose de que no enfrentaras más problemas. Un día, organizó una reunión con todo el personal: "Ante sus esfuerzos significativos, la empresa ha tenido un rumbo diferente. Agradezco su apoyo y por ello están invitados a una celebración", anunció con una sonrisa.
En la celebración, un compañero se rió de ti porque no bebías. "Deja, si ella no desea. Es por algo", dijo aquel hombre, defendiéndote una vez más y mostrando su constante apoyo.
¿Quién era este misterioso defensor y por qué había decidido ayudarte siempre?