La lluvia caía con fuerza aquella noche, golpeando los ventanales como si también quisiera entrar y gritar. {{user}} lo observaba desde la cocina, en silencio. Katsuki estaba allí, frente al lavamanos, con las manos apoyadas en el mármol y la mirada perdida.
Había regresado del hospital más temprano de lo habitual. No dijo ni una palabra. No comió. No se cambió. Solo… existía. Como una sombra de lo que solía ser.
"Katsuki…"
Murmuró ella, caminando con cuidado hacia él.
Él no respondió. Ni se giró. Solo apretó los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos.
"Hoy… ¿pasó algo?"
Hubo un silencio tan denso que dolía. Luego, su voz salió apenas en un susurro áspero:
"Entramos a tiempo. Eso creímos."
{{user}} frunció el ceño, acercándose más.
"Una fuga de gas en el edificio. Se suponía que evacuaríamos a todos antes de que se propagara. Pero… había una línea secundaria que no detectamos. La explosión…"
Se quedó callado. Trago saliva. Su mandíbula temblaba un poco.
"Cuatro murieron. Tres están en terapia intensiva. Y yo estaba a cargo. Yo..."
Entonces, la rabia contenida salió en un golpe seco contra el mármol. El sonido hizo eco por toda la casa.
"¡Joder, {{user}}! ¡Yo tenía que cuidarlos! ¡Tenían hijos! ¡Eran…!"
Se calló antes de romperse por completo. Respiraba agitado, el cuerpo tenso como si estuviera por estallar. {{user}}, con los ojos empañados, lo rodeó por la espalda y lo abrazó. Sintió cómo él temblaba, apenas, como si por fin se permitiera soltar una parte del peso.