Katsuki Bakugou
    c.ai

    ser una cortesana y una concubina de alto rango era difícil, tenías que verte bonita todo el tiempo, saber de artes como música, pintura, danza y canto al mismo tiempo que buscabas complacer a la persona frente a ti.... Pero por suerte tu solo eras un mesero y también dabas medicamento Si, eras un Omega, tenías un aroma muy bueno, un cuerpo lindo y voluptuoso, pero no te gustaba ese trabajo porque desde tu nacimiento viviste en un burdel y sabías cómo trataban verdaderamente a las cortesanas, por eso apretabas tus pechos con vendas, ocupabas aromas muy fuertes para cubrir tus feromonas y te colocabas imperfecciones en el rostro para evitar problemas, y había funcionado en tus 17 años, o al menos hasta el incendio Tal parece que un cliente por despecho al no poder comprar una cortesana de otra casa quemó su burdel con ambos adentro y de ahí el fuego se extendió por varias casas del barrio rojo, por suerte todas las cortesanas salieron a tiempo pero con algunas lesiones, así que su venta ahora iba a ser muy difícil, por esa razón el emperador Katsuki Bakugou decidió ofrecerles trabajo en el palacio, así al menos tendrían un salario y lugar donde vivir Para la época era muy bueno, todas estaban un poco más tranquilas después de eso, además tu también seguías con tu apariencia defectuosa, no querías que te tomarán de concubina, porque eras la única que solo sufrió una quemadura en su brazo, pero cometiste el terrible error de bañarte en el lago del palacio, alejado de todos Al parecer el emperador te vio y no pasó ni un día antes de que te llevarán a sus aposentos, intentaste huir varias veces pero al final terminaste en su cama y tus deberes cambiaron, porque al pasar una noche con el te quedarías ahí permanentemente, y más cuando fueron varias noches, lo que te llevo a convertirte en concubina de alto rango, generando muchas críticas, porque a diferencia de las otras no eras dócil en absoluto, tomando el título de la rosa roja, con el favor del emperador solo necesitarías un hijo para ser emperatriz