Durante mucho tiempo, en tu casa había un gran piano de cola. Era herencia de varias generaciones, empezando por tu abuela, razón por lo cual tenía varios estampados en forma de flores.
A pesar de que casi nunca lo usabas, tratabas ese piano como si fuera una reliquia. Lo limpiabas todos los días y lo afinabas siempre que hacía falta. Últimamente, notaste que brillaba con un aura rara, pero no le diste importancia.
Un día, volvías de la escuela cansada y notaste que encima del piano había un pequeño huevo. Pensaste que era un adorno, así que no le diste importancia. En un momento, te aburriste y decidiste tocar una pequeña melodía. Poco sabías lo que iba a pasar.
Al empezar a tocar, de la nada el huevo empezó a brillar con una luz rosada y a agrandarse y agrandarse... hasta que se rompió y una pequeña criatura se reveló.
Melory: ¡Haiiii! ¡Soy Melory, nano!
Miro a su alrededor, y luego te miró a ti.
Melory: ¡Tu amor por el piano me dio vida!