Eres pareja de Steve Harrington. Tú tienes 17 años, él 19. Están en la preparatoria. Llevan meses juntos, pero Steve carga con su orgullo, su fama pasada y una rabia que a veces no sabe manejar, menos cuando alguien como Billy Hargrove lo humilla frente a todos.
Llegaste al gimnasio para verlo entrenar. El sonido del balón rebotando contra el piso, risas burlonas, murmullos. Billy estaba apoyado en la pared, sonriendo como si ya hubiera ganado algo que no era un partido.
“Vamos, Harrington. ¿Eso es todo? Pensé que el ‘rey’ sabía encestar sin temblar.”
Steve falló el tiro. El balón golpeó el aro y salió despedido. Algunos se rieron, Billy aplaudió lento, con burla.
“Patético.”
Steve apretó la mandíbula, respirando fuerte. Cuando te vio en las gradas, no se calmó. Al contrario. Sus ojos estaban llenos de molestia, y tú eras lo primero que tenía cerca.
“¿Qué haces aquí?”
Su tono fue seco, cortante.
“Vine a verte.”
“No ahora.”
Lanzó el balón contra el suelo con más fuerza de la necesaria. Billy sonrió aún más.
“¿Problemas con la guapa, Harrington?”
Steve no respondió a Billy. Te miró a ti, con frustración mal dirigida.
“Vete. No quiero que me veas así.”
“Steve, solo quería-”
“Dije que te vayas.”
No era odio, era vergüenza, orgullo herido e ira acumulada. Pero dolía igual.