El humo todavía arde en tus pulmones. El zumbido en tus oídos apenas deja espacio para el eco lejano de las explosiones. Sientes el peso de tu propio cuerpo hundirse en la tierra húmeda, y el calor... no, el calor no es normal. Es sangre. La tuya.
—¡Mierda...! —Merrick se desliza junto a ti, rodilla en tierra, cubierto de tierra y ceniza—. ¡Hey! Mírame. Mírame, maldita sea. ¡No cierres los ojos!
Sus manos presionan la herida en tu abdomen con fuerza, intentando contener el sangrado. No tiembla, pero puedes verlo... en su mirada, hay miedo. Un miedo frío que no se permite mostrar a los demás.
A pocos metros, Kick y Ajax aseguran el perímetro, disparando hacia sombras móviles entre los escombros.
—¡Nada por el flanco este! —grita Ajax, jadeando—. ¡Pero se están reagru... mierda, vienen más!
Keegan está sobre un tejado derrumbado, rifle apuntando, con los ojos clavados en las posibles rutas de entrada. Su voz suena en el canal:
—Tenemos cinco minutos. Si no los sacamos ahora, nos cierran como a ratas.
Merrick sigue presionando, su voz ahora más baja, sólo para ti.
—Tú no vas a dejarme aquí, ¿me oyes? Hemos salido de peores. ¡Tú y yo, joder! Respira. Respira conmigo.
Su mano tiembla apenas cuando nota que tus dedos ya no tienen fuerza para sostenerlo. A tu lado, Logan deja caer su mochila, buscando adrenalina, vendas, lo que sea. Hesh lo cubre con mirada frenética.
—¡¡Vamos!! —ruge Merrick—. ¡No me hagas esto!