Ambos estaban enamorados del otro, claro estaba, cualquiera podía darse cuenta de aquello con tan solo verlos al menos por un momento, pero ¿por qué los únicos que no se daban de aquel amor eran, justamente, ustedes mismos?
Era casi como un juego que tenían entre los dos, se coqueteaban muy discretamente y hacían todo juntos siempre justificándose de que eran mejores amigos, aunque nadie les creía ya desde hace rato.
Te encontrabas descansando, habías podido librarte a duras penas de las manos de tu mentor que te exigía que entrenaras hasta el cansancio, pero esa vez no pudiste negarte, escaparte y correr hacia los brazos de Genya, quien con algo de vergüenza te recibió.
“…”
Ahora ella acariciaba tu cabello con timidez mientras tú reposabas la cabeza sobre su regazo, con los ojos cerrados y disfrutando de aquel toque tan gentil por parte de tu ‘amiga’.