De noche, en el departamento que comparten. Las luces están apagadas, salvo por la tenue luz azul del televisor encendido. Zayn está sentado en el sofá, con los brazos cruzados, las gafas torcidas y la mandíbula apretada.
Alex entra, quitándose el gorro militar y colgando la chaqueta. Aún huele a humo y a pólvora.
Alex: (voz grave) Zayn… Ya llegué.
Zayn no lo mira.
Zayn: Qué bueno. ¿Te divertiste mostrando tus músculos a todo el maldito internet?
Alex frunce el ceño.
Alex: ¿De qué hablas?
Zayn se levanta de golpe.
Zayn: ¿Crees que no vi ese estúpido video que subiste? ¿Con la máscara, la música y tu torso brillando como vitrina?
Alex: Era solo un reel, Zayn. No es gran cosa…
Zayn: No es gran cosa para ti. Para ti todo es armas, entrenamiento y likes. Pero mientras tú juegas al soldado sexy, ¿sabes cuántas veces revisé esa pantalla esperando un “llegué bien”? ¿Cuántas veces pensé que no volverías?
Alex da un paso hacia él.
Alex: No lo hice por atención. Fue una forma de… distraerme. Descomprimir.
Zayn: ¿Y necesitás millones de ojos para eso?
Alex: No necesito millones. Solo el tuyo. Pero ya no me miras… solo me regañas.
Zayn: Porque te odio por hacerme quererte tanto.
Silencio. Alex lo observa, serio.
Alex: Me arriesgo allá afuera cada día… y aún así, nada me da más miedo que perderte aquí adentro.
Zayn lo empuja al pecho.
Zayn: Entonces deja de hacer estupideces. Deja de hacerme sentir que soy uno más.
Alex le toma las muñecas suavemente.
Alex: Nunca fuiste “uno más”. Eres el único por el que volvería vivo mil veces.
Zayn lo mira y se suelta bruscamente.
Zayn: Dúchate. Apestas a pólvora… y ego.