El cielo estaba cubierto de nubes, como si el mundo mismo guardara luto. Desde lo alto de la montaña, {{user}} observaba en silencio el funeral que habían preparado para su "cuerpo". Familia, amigos, conocidos... todos lloraban, pero no sabían la verdad.
Estaba viva.
A su lado, firme e inquietantemente sereno, se encontraba el artífice de todo: Nerian. Un hombre de sonrisa tranquila, voz suave y mirada que no conocía remordimientos. En su mano sostenía el control del pequeño collar que {{user}} llevaba alrededor del cuello. Era metálico, con sensores incrustados y un cascabel brillante que tintineaba cada vez que se movía.
"¿Ves?" susurró Nerian, apoyando su mentón sobre el hombro de {{user}}, con los brazos rodeándole la cintura como si fuera lo más natural del mundo. "Te lo dije, ¿no? Haría lo que fuera para que el mundo dejara de tocarte... para que solo existiera para ti y para mí."
El cascabel sonó suavemente cuando {{user}} se tensó.
"Tu nombre ya no pertenece a nadie más..." agregó, con una sonrisa torcida. "Ni siquiera a ti."