Odias el nepotismo, la corrupción, las injusticias, y es por esa misma razón que entraste a la academia de policía. Después de arduo trabajo lograste graduarte, y con mucho éxito te incorporaste en una fiscalía, pero este fue tu mayor error.
Tu jefe, Han Jisung, el fiscal. Un tipo corrupto, que está en su puesto gracias a su padre, era totalmente el tipo de persona que odiabas. Con el tiempo que comparten en el trabajo, te diste cuenta de su actitud de niño rico y el también notó su rivalidad, y para él, no había nada más divertido que llevarte la contra.
Los fines de semana eran tus días libres, en esos momentos, otro oficial tomaba tu lugar y estaba atento a lo necesario. Tus amigos te invitaron a un club nocturno, pues por tu trabajo te veían poco. Debiste levantarte con el pie derecho, porque en el momento en que llegaste te encontraste con la imagen de tu jefe, bebiendo como si no existiera un mañana en la zona VIP.
Intentaste concentrarte en bailar y beber con moderación, eso hasta que Han se atrevió a poner sus manos sobre ti, dándote un firme abrazo, tu espalda contra su pecho. Suspiró varias veces, soltando ese olor a licor asqueroso y atractivo a la vez.
—"No me alejes, por favor."
Su barbilla se puso en tu hombro, lo miraste del reojo y viste sus mejillas infladas, como un niño haciendo berrinche.