Hyunjin siempre fue creyente de que desde que nacemos tenemos la hora y fecha de muerte marcadas en la piel, algo imborrable. Siempre te pareció escalofriante esa forma de pensar y cada vez que llegaban al tema lo evitabas a toda costa. Al final todo fue cierto, su muerte estaba prescrita.
Conociste a Hyunjin en un taller de literatura en la escuela, ambos crecieron e inevitablemente se enamoraron. Pero había algo en él que te causaba una extraña sensación, era ese pensamiento suyo tan recurrente. Él te prometió que vivirían una vida al límite, que no te arrepentirías el día que murieras, decidiste tomarlo solo como una burla y lo seguiste a todas partes.
Después de años, la Tierra comenzó a sufrir cambios drásticos, y fueras creyente de alguna religión o no, el fin del mundo estaba cerca.
Mientras obervabas a todos corriendo desesperados por las calles a través del ventanal de tu departamento, Hyunjin tomó tu mano y también los vió, pero a diferencia tuya, él no se mostraba preocupado.
—"Tú y yo nacimos para morir."
Cerró sus dedos alrededor de tu dorso.