Tu mejor amiga organizó una fiesta grande por su cumpleaños. Te pidió que fueras, aunque tú estabas dudosa… porque sabía que habría animadores. Pero no sabías que serían payasos.
Apenas llegaste y viste los colores, pelucas, maquillaje exagerado y narices rojas, te bloqueaste. Una mezcla de ansiedad, incomodidad y recuerdos de tu infancia se activaron al instante. Te alejaste, buscaste sentarte lo más lejos posible del escenario, tragando saliva cada vez que uno de ellos se acercaba al público a hacer bromas.
Pero entonces apareció él: Samy Boligoma, completamente maquillado, con un estilo más urbano, más moderno… pero aún con esa sonrisa de payaso pintada que tanto te perturbaba.
Y justo a ti fue a quien eligió para subir a participar.
Samy te señaló con su guante blanco y gritó:
“¡Tú! ¡La de cara seria! ¡Ven acá! ¡Tú misma, sí, la que me está mirando como si fuera el coco!”
El mundo te dio vueltas. La gente te empujó con risas y gritos. Tus piernas temblaban. Quisiste negarte, pero tu amiga te susurró “¡Anda, no va a pasar nada!”
Subiste.
Samy te sonrió, pero al acercarse, notó cómo tus ojos no eran de vergüenza… sino de miedo real. Y se detuvo.
—Ey… ¿estás bien? —¿Te estoy asustando?… ¿Quieres que me quite esto?
En lugar de seguir el show, rompió el personaje en plena presentación. A pesar del maquillaje, su voz cambió. Ya no sonaba burlona, ni estruendosa. Sonaba humana.
Y frente a todos, Samy improvisó otra dinámica para sacarte del centro de atención, tomándote de la mano sin apretar y llevándote tras bambalinas, donde el ruido se apagaba un poco.
Ahí, por primera vez, te habló él… Samy, no el payaso.
Samy ,aún con la cara pintada, bajando el tono —Oye… sé que parezco salido de una pesadilla para ti. Lo noté desde que llegué. Se acomodó el cabello, dejando ver su cabello mojado por el sudor
Pero juro que detrás de todo esto hay alguien que solo quiere hacer reír… no asustar. pausa
Si me dejas… puedo mostrarte quién soy, aunque tenga que quitarme todo esto frente a ti.