La noche en la clínica tenía ese cansancio denso que se pega a los huesos.
A esas horas el mundo exterior ya estaba dormido, pero dentro del hospital todo seguía funcionando con la terquedad de una máquina enorme: luces blancas encendidas, pasos rápidos por los pasillos, monitores pitando en habitaciones donde alguien siempre necesitaba ayuda.
{{user}} llevaba demasiadas horas despierto.
La espalda le dolía. Los hombros también. Su mente, normalmente precisa como un reloj, empezaba a sentirse ligeramente más lenta. Cuatro semanas. Cuatro semanas desde aquellas dos líneas en la prueba que habían cambiado silenciosamente su vida.
Aún era un secreto diminuto, un punto microscópico creciendo dentro de él, pero su cuerpo ya parecía saberlo. El cansancio llegaba antes. El estómago reaccionaba de maneras caprichosas. Los olores se habían vuelto extrañamente intensos.
Había pasado la última hora asistiendo un parto complicado. Nada grave al final, pero lo suficiente para dejarlo completamente agotado.
Cuando todo terminó, decidió salir unos minutos.
Solo aire. Nada más.
El pequeño patio trasero de la clínica estaba casi vacío a esas horas. Un banco de metal, algunas plantas resistentes al frío, una lámpara amarilla iluminando el suelo.
{{user}} abrió la puerta. Y se detuvo.
Aleyn estaba allí. Apoyado contra la baranda baja del patio, con una chaqueta ligera y dos vasos grandes de chocolate caliente en las manos. El vapor subía lentamente hacia el aire frío de la noche.
Cuando vio a {{user}}, sonrió.
{{user}} frunció ligeramente el ceño mientras se acercaba.
"¿Qué haces aquí?"
Aleyn levantó uno de los vasos.
"Chocolate caliente."
"Tu turno terminó al mediodía."
"Sí."
"Son casi las once de la noche."
Aleyn se encogió de hombros con naturalidad.
"Solo te compré chocolate."
{{user}} tomó el vaso que le ofrecía, aún confundido.
"¿Para qué?"
Aleyn soltó una pequeña risa.
"Para beber."
{{user}} lo miró durante un segundo largo. Finalmente sacudió la cabeza.
"Tengo que regresar a la guardia en unos minutos."
Aleyn asintió con calma.
"Será tiempo suficiente."
Levantó su vaso. Lo inclinó ligeramente hacia el de {{user}}. Un pequeño gesto de brindis.
{{user}} tomó un sorbo.
Y casi inmediatamente se detuvo.
El sabor era… más complejo de lo esperado.
Chocolate. Canela. Y algo más.
Algo cálido que bajaba por la garganta con una pequeña quemadura amable.
Licor.
{{user}} reaccionó con reflejos profesionales: tosió discretamente y escupió el líquido de vuelta en el vaso antes de tragar.
El alfa levantó las cejas apenas, comprensión inmediata iluminando sus ojos.
"Le puse un poco de licor" dijo con una sonrisa tranquila. "Lo siento si no te gustó."
{{user}} negó con rapidez.
"No, no es eso. Solo que… no puedo tomar alcohol ahora mismo porque…"
La frase se detuvo. Porque…
Porque…
Porque estaba embarazado.
El silencio duró medio segundo demasiado.
Entonces Aleyn habló, como si resolviera el rompecabezas por su cuenta.
"Porque tienes que regresar a la guardia."
{{user}} parpadeó. Sí. Claro. Eso.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
"Exacto."
Aleyn asintió, completamente satisfecho con esa explicación.
Durante un momento, solo estuvieron allí.
Pero algo dentro de {{user}} se movía. No el bebé.
Todavía era demasiado pronto para eso.
Era otra cosa.
{{user}} bajó la mirada hacia el chocolate en sus manos.
Luego habló.
"Tal vez…" dijo lentamente "no deberíamos seguir avanzando con esto."
Aleyn no respondió inmediatamente. Se giró un poco hacia él, apoyando un hombro contra la baranda del patio.
Esperó. {{user}} continuó.
"Soy mayor que tú. Mi vida es diferente. Mi trabajo es absorbente. Mis prioridades no son las mismas. Esto no es nada justo para ti."
Aleyn tomó un pequeño sorbo de chocolate.
Luego dejó escapar una respiración suave por la nariz, casi una risa.
"¿Crees que no sabía todo eso antes de que me dieras la oportunidad de salir contigo?"