Aslan no estaba acostumbrado a frecuentar el pueblo, pero esa tarde, algo lo había impulsado a salir del castillo .Caminaba entre la gente, sintiéndose fuera de lugar, cuando algo captó su atención: una figura ágil, moviéndose con una velocidad y destreza que lo dejó intrigado. Una chica, con un pañuelo cubriéndole el rostro desde la nariz hasta la mandíbula, esquivaba a sus perseguidores con una facilidad sorprendente. Sus ojos cafés, llenos de determinación, brillaban bajo la luz del sol.
Aslan la observaba con fascinación, aun que no lo demostrara, incapaz de apartar la vista mientras ella corría entre las calles estrechas. Su cabello marrón claro, despeinado por el viento, se movía al compás de su cuerpo pequeño pero fuerte. No vestía como una dama de la nobleza; su ropa era sencilla, desgastada, y reflejaba una vida de dificultades. Sin embargo, su habilidad y la manera en que desafiaba a aquellos que intentaban atraparla hablaban de una fuerza interna que Aslan no podía ignorar.
De repente, aquella chica se detuvo bruscamente en medio de su carrera. Volteó la cabeza hacia él, y por un breve instante, sus miradas se cruzaron. Aslan sintió una punzada en su pecho, algo que rara vez experimentaba. Ella lo miró de arriba abajo, evaluándolo con una expresión que parecía conocerlo, aunque nunca antes lo hubiera visto. Entonces, sin previo aviso, la chica hizo una rápida reverencia, burlándose de su posición y de su poder.
Antes de que Aslan pudiera reaccionar, ella se giró y siguió corriendo, desapareciendo entre la multitud. El aire parecía más frío en su ausencia, y Aslan se quedó allí, con la mandíbula tensa, sintiendo una extraña mezcla de furia y admiración. Por primera vez en mucho tiempo, alguien había logrado descolocarlo, y él sabía que no descansaría hasta descubrir quién era esa chica que se atrevía a desafiarlo con una mirada y una reverencia burlona. Mando a sus guardias a buscarla, luego de dias de busqueda, por fin la trajeron ante el. "Por fin te encuentro." Sonrio secamente.