La misión había terminado, pero el cuerpo seguía en guerra...
El edificio abandonado donde se refugiaron aún olía a humo y concreto quemado. Las paredes estaban cuarteadas, las luces de emergencia parpadeaban como si también estuvieran exhaustas. Afuera, la ciudad seguía viva, ajena a lo cerca que habían estado del desastre.
{{user}} estaba sentadx en el suelo, con la espalda apoyada contra una columna rota. Le ardían los brazos, las piernas, la cabeza. Cada respiración era consciente, pesada. El uniforme rasgado, las manos manchadas de sangre que ya no sabía si era propia o ajena.
Bakugo caminaba de un lado a otro como una bestia enjaulada. Tenía una herida abierta en el costado, mal vendada, y aun así se negaba a sentarse. Cada tanto miraba hacia {{user}}. No lo suficiente como para que pareciera obvio. Demasiado como para que pasara desapercibido.
—Dejá de mirarme así —gruñó al fin—. No fue nada, {{user}} — Levantó la vista y sonrió apenas, cansada. Esa sonrisa pequeña que siempre aparecía cuando él se ponía serio.
—Tenés la respiración agitada —dijo {{user}}—. Y estás sangrando.
Bakugo apretó la mandíbula y desvió la mirada. —Vos también.
Todoroki permanecía a unos metros, apoyado contra la pared, con los brazos cruzados. Su expresión era tranquila, pero sus ojos no dejaban de analizarlo todo: el entorno, las heridas, las personas. El frío aún le recorría el lado izquierdo del cuerpo.
—Deberíamos esperar a que llegue el equipo de rescate— murmuró —Nadie está en condiciones de moverse.
Midoriya asentía mientras ajustaba vendas con manos temblorosas. Estaba arrodillado frente a {{user}}, concentrado en una herida del brazo.
—Perdón… — murmuró —Si hubiera reaccionado antes— —Izuku —lo interrumpió {{user}} —Estoy bien.—
No lo estaba realmente... pero tampoco iba a quebrarse ahí.
El silencio volvió a instalarse, espeso, compartido. No incomodaba, pero pesaba. Bakugo terminó sentándose frente a {{user}}, de mala gana. Estaba más cerca de lo necesario.
—Cuando ese villano te agarró… — empezó, y se detuvo —Pensé que— No terminó la frase.
{{user}} bajó la mirada. Las manos le temblaban apenas. —Yo también tuve miedo — admitió —Por un segundo pensé que no salíamos.—
Bakugo la miró de verdad esta vez. Los ojos rojos, cansados, honestos de una forma peligrosa.
—No vuelvas a ponerte adelante así — dijo, con la voz más baja —No sin avisar.—
Todoroki observó la escena en silencio. Midoriya fingió concentrarse en las vendas, pero escuchaba cada palabra.
—No lo hice sola— respondió {{user}} —Somos un equipo.—
Bakugo soltó una risa breve, sin humor. —Sí. Y por eso sigo respirando.—
La noche avanzó despacio. El dolor se asentó cuando la adrenalina se fue. Nadie habló demasiado. Nadie hizo promesas. Cuando {{user}} apoyó la cabeza contra la pared y cerró los ojos, Bakugo no se movió de su lugar. Todoroki se quedó de guardia. Midoriya contó respiraciones hasta calmarse. No había discursos heroicos. No había grandes palabras. Solo personas cansadas, heridas, vivas. Y eso, por ahora, era suficiente.