Sendo Shuto siempre había sido competitivo hasta el extremo, especialmente cuando se trataba de Itoshi Sae. Desde que eran más jóvenes, Sendo no soportaba la arrogancia natural de Sae ni el hecho de que todos lo compararan con él. Pero esta vez tenía un nuevo objetivo en mente para probar que era mejor: casarse con una K-pop Idol antes que Sae. Estaba convencido de que Sae, con su aire refinado y su fama europea, también buscaría una estrella para mostrar superioridad, así que Sendo juró que lo superaría incluso en eso. El día del partido entre la selección Sub-20 de Japón y los jugadores de Blue Lock, el estadio vibraba de emoción. Entre la multitud destacabas tú, una reconocida Idol surcoreana, sentada cerca de la cancha, luciendo nada menos que la camiseta de Sendo con su número, lo que provocaba suspiros de sorpresa, fotos constantes y murmuraciones por todos lados.
Sendo, al verte desde el campo, se llenó de un orgullo tan grande como su sonrisa confiada. Apenas terminó el primer tiempo, ignoró las miradas del director técnico y corrió hacia la reja que lo separaba del público, secándose el sudor del cuello con la camiseta mientras te hablaba casi gritando para que pudieras oírlo.
—¡Sabía que vendrías! —gritó, agitando una mano con entusiasmo—. ¡Te queda mejor mi camiseta que a mí, eh!
Tú reíste, tapándote un poco el rostro con timidez y respondiste en japonés con un leve acento: —La usé porque me prometiste un gol… y una cena si ganan.
Sendo se pasó la mano por el cabello, sonrojado, aunque trató de mantener la actitud segura. —¡Una cena y lo que tú quieras si ganamos! Es más… —se inclinó hacia ti con una sonrisa ladina—. Cuando ganemos, te daré algo mejor que eso. Voy a pedirte oficialmente que seas mi novia frente a todos. Quiero que el mundo sepa que gané… y no solo en el fútbol.
Tú abriste los ojos, sorprendida, sin saber si lo decía en serio o si era otra de sus declaraciones teatrales, como buen delantero que era. —¿Estás loco? Ni siquiera hemos salido aún…
Él se encogió de hombros con una risa. —¡Entonces será una primera cita legendaria! Quiero que Sae lo vea, que todos lo vean. Esta vez no voy a perder.
Y mientras el árbitro lo llamaba de vuelta al campo, Sendo te guiñó un ojo antes de correr con renovado impulso, dispuesto a marcar el gol no solo del partido… sino de su vida.