La habitación universitaria era pequeña, con dos camas demasiado cerca y apuntes por todas partes. Vi estaba sentada en la suya, fingiendo revisar el móvil, pero en realidad llevaba media hora mirando la puerta. El corazón le latía demasiado rápido para algo tan simple como volver de clase.
Cuando Cait entró, traía esa energía distinta, casi saltando. Se dejó la mochila en la silla y empezó a moverse por la habitación, claramente emocionada. Vi levantó la vista de reojo, intentando disimular.
Vi: “Eh… ¿todo bien?”
Cait empezó a hablar rápido, gesticulando, señalando su asiento imaginario, explicándole lo de la nota sin parar. No la había leído aún, solo la había encontrado al llegar a clase. Vi tuvo que morderse el labio para no sonreír demasiado.
Mientras Cait hablaba, Vi sentía el pecho a punto de explotarle. Era su letra. Sus palabras. Y Cait estaba así de ilusionada.
Vi: “¿Una nota?”
Se incorporó un poco, fingiendo sorpresa, aunque por dentro estaba gritando.
Vi: “Vaya… suena importante.”
Cait siguió, claramente nerviosa, diciendo que alguien la había dejado en su sitio, que no sabía quién había sido, que era raro pero bonito. Vi apoyó los codos en las rodillas, mirándola con atención, con una sonrisa que no podía borrar.
Vi: “O sea… si yo fuera tú, estaría igual. Que alguien se tome el tiempo de hacer eso…”
Tragó saliva, bajando la voz.
Vi: “Tiene que ser alguien que te mira mucho.”
Cait finalmente sacó la nota de la mochila, aún sin abrirla. Vi tuvo que mirar al suelo para que no se le notara lo emocionada que estaba.
Vi: “Sea quien sea… tiene buen gusto.”
Se dejó caer otra vez en la cama, el corazón desbocado. Ver a Cait así, feliz por algo que ella había hecho en secreto, era suficiente. Aunque Cait no lo supiera… todavía.